martes, 10 de julio de 2012

Frases de los Miserables- Victor Hugo



1. Cuidado con la manera con que recordáis a los muertos. No penseis en lo que se pudre. Mirar fijamente con atención, y veréis la viva luz de vuestro amado difunto allá en el fondo del cielo.

2. El amor es una parte del alma misma, es la misma naturaleza que ella, como ella, es un chispa divina, como ella es incorruptible, indivisible, imperecedero. Es una partícula del fuego que está en nosotros, que es inmortal e infinita, a la cual nada puede limitar, ni amortiguar, se la siente arder hasta en la médula de los huesos y se la ve brilla hasta el fondo del cielo -(pág 870) 
3- ¿Cómo fue que sus labios se encontraron? ¿Cómo es que el pájaro canta, que la nieve se funde, que la rosa se abre, que mayor extiende su fragancia, que el alba blanquea detrás de los árboles negros en la cumbre de las colinas? Un beso; esto fue todo- (pág 876)
4. - Hay personas que observan las reglas del honor como se hace con las estrellas; de muy lejos (Combeferre) (pág 1154)
5. - La pupila se dilata en las tinieblas y concluye por percibir claridad, del mismo modo que el alma se dilata a la desgracia y acaba por encontrar en ella a Dios- (pág 1185)

6. Esto pasaba en el fondo de un bosque, de noche en invierno, lejos de toda humana irada, a una niñaa de ocho años, en aquel momento  solo Dios veía esa escena tan triste. 
¡Ay! Y sin duda su madre también(...) 
En ese momento sentió de pronto que el cubo no pesaba ya nada. Una mano que parecía enorme, acababa de coger el asa y lo lentaba vigorasaente. Cosette alzó la cabeza y vio una gran forma negra, derecha y alta, que caminaba a su lado en la oscuridad. Era un hombre que había llegado detrás de ella sin haber sido visto. 
El hombre sin decir palabra, había cogido el asa del cubo que llevaba Cosette. Hay insitnto para todos los accidentes de la vida. La niña no tuvo miedo. (pág. 372, 373)
7. Aquellos hombres macilentos, haraposos, cansados, que no habían comido hacía venticuatro horas, que tampoco habían dormido, que solo contaban con unos cuantos tiros más, que tentaban los bolsillos vacíos de cartuchos, heridos casi todos, vendada la cabeza o el brazo con un lienzo mohoso y negruzco,  de cuyos calzones sangre salía, armados a penas de malos fusiles y de sables viejos, mellados, se convirtiron en titanes. Diez veces fue atacado el escalado, el reducto y ninguno consiguió tomarlo. (...)
Se combatía cuerpo a cuerpo, palmo a palmo, a pistoletazos, a sablazos, a puñadas, de lejos, de cerca, de arriba, de abajo, de todas partes, de los tejados de las casas, de las vetanas de la taberna, de los respiraderos de las bodegas a donde se había retiradon algunos. Eran uno contra setenta. (pág 1155)